Dafne tomó la tarjeta y dijo:
—Gracias, señor.
El director del sanitario también ordenó:
—Vengan a ayudar a Dafne. Llamen a un coche fúnebre para llevarlas a casa.
Pronto, Dafne y algunos cuidadores llevaron el cuerpo de Elba. Cuando pasó junto a Hans, solo caminaba sin apartar la mirada. De repente, Hans agarró su brazo.
Pero Dafne solo sonrió:
—Señor Rivera, tengo sangre en mi cuerpo que ensuciará tu mano.
Parecía que había una barrera invisible que los separaba en dos mundos. Esa barrera era