— Dafne... Sé que estás triste, llora si quieres llorar —dijo Celia mirando su rostro excesivamente tranquilo con un poco de miedo.
En sus ojos, no había ni un ápice de vitalidad, solo había el silencio, la decadencia e incluso el rastro de la muerte.
Dicen que antes de morir, el cuerpo emana un aire de decadencia. Y ahora, lo que rodeaba a Dafne era precisamente ese aterrador aire de muerte…
Celia la ayudó a abrir la puerta. Dafne entró en la casa con la caja de cenizas. Con mucho cuidado, colo