En las montañas, el anochecer llega más rápido que en la ciudad. Cuando Dafne llegó la cima de la montaña, ya era casi de noche, alrededor de las siete de la tarde. El cielo se oscurecía gradualmente.
Dafne se arrodilló frente al Buda con las manos juntas en señal de devoción y rezó con fervor por sus deseos.
Deseaba que Esperanza pudiera crecer en paz y felicidad.
Anhelaba que Hans dejara atrás los resentimientos y rencores del pasado, y que comenzara una nueva vida.
Su tercer deseo era que su