Los dos intercambiaron los números de WhatsApp y Darío transfirió mil dólares como recompensa. La chica se sorprendió mucho:
—Señor, mi vestido no vale tanto dinero.
—No pasa nada. Considéralo como un bono extra. Ve a comer.
La empleada se fue felizmente. Aarón, que estaba a su lado, tomó un sorbo de cerveza y bromeó:
—Darío, eres tan inocente. No necesitas intercambiar cuentas de WhatsApp para hacer una transferencia.
Darío le mostró una leve sonrisa.
La intención de la chica era muy obvia. Era