Capítulo 127
Esperanza se emocionó cada vez más y comenzó a toser sin parar, atragantándose con la saliva.

Dafne, preocupada, le dio palmaditas en la espalda y le reconfortó suavemente:

—Nunca te abandonaré. Te quiero tanto, ¿cómo podría abandonarte? Espi, es mi culpa. Nunca hablaremos de este tema en el futuro, ¿de acuerdo?

En ese momento, Hans entró a la habitación desde afuera y dijo:

—Tu mamá y yo siempre estaremos contigo.

La voz tranquila y decidida del hombre fue como un fuerte tranquilizador para las
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