Esperanza se emocionó cada vez más y comenzó a toser sin parar, atragantándose con la saliva.
Dafne, preocupada, le dio palmaditas en la espalda y le reconfortó suavemente:
—Nunca te abandonaré. Te quiero tanto, ¿cómo podría abandonarte? Espi, es mi culpa. Nunca hablaremos de este tema en el futuro, ¿de acuerdo?
En ese momento, Hans entró a la habitación desde afuera y dijo:
—Tu mamá y yo siempre estaremos contigo.
La voz tranquila y decidida del hombre fue como un fuerte tranquilizador para las