POV de Diego
El reloj seguía corriendo, cada segundo que pasaba nos acercaba más al peligro. Diego y yo avanzábamos por las calles oscuras de la ciudad, cada giro de las ruedas del coche retumbando como un tambor en mi pecho. No teníamos margen para errores. Sabíamos que si no llegábamos a tiempo, el activo caería en las manos equivocadas, y todo por lo que habíamos luchado se desmoronaría.
Diego conducía con la mandíbula tensa, la mirada fija en la carretera como si pudiera obligar al tiempo a