POV de Diego
La vi. Allí, parada frente a mí, con esa mirada que mezclaba duda y miedo. No se suponía que debía escuchar esa llamada. No se suponía que estuviera allí. Maldita sea… ¿por qué tuvo que seguirme?
—Adriana… —mi voz salió baja, casi ronca.
Su pregunta, directa, me perforó el pecho.
—¿De qué se trataba?
Podía ver cómo contenía las emociones. Sus manos ligeramente temblorosas, su mandíbula apretada. Esa era Adriana: valiente por fuera, pero por dentro… por dentro estaba llena de cicatr