POV de Adriana
La noche cayó sobre la ciudad como un manto de sombras y peligro. Diego y yo nos quedamos en la sala de nuestra casa, rodeados de papeles, documentos y las pruebas que conseguí sobre Montoya. El silencio se rompía solo con el sonido de nuestras respiraciones y el ocasional crujido de los hielos en el vaso de whisky de Diego.
—Si vamos a hacer esto, necesitamos movernos rápido —dije, cruzando los brazos—. Si Montoya sospecha que estamos cerca de exponerlo, tomará medidas drásticas