POV de Diego
La noche había caído sobre la ciudad, y en mi oficina solo el resplandor del whisky en mi vaso rompía la penumbra.
Sabía que Adriana tenía razón. No podía ir directamente contra Montoya sin pruebas. Pero la paciencia nunca había sido mi fuerte.
Me serví otro trago y giré la copa entre los dedos, reflexionando.
Montoya me había tomado por un idiota.
Creía que podía meterse en mi territorio, jugar a dos bandos y salirse con la suya.
Sonreí con frialdad.
Si quería una guerra silencios