El aire en mi oficina era denso, cargado de humo de cigarro y la fragancia a cuero viejo de los muebles. Con Luis muerto y su traición enterrada bajo metros de tierra, mi prioridad era reforzar mi poder antes de que otro intento de traición surgiera. No había espacio para débiles ni para dudas. Solo los fuertes sobrevivían en este mundo, y yo no tenía intención de caer.
Por eso, cuando recibí la propuesta de reunión con Héctor Montoya, supe que era una oportunidad que no podía dejar pasar. Mont