Capitulo 27. Suspiro de angustia
No tenía idea de la hora que era, ni de mucho de cuanto faltaba para el amanecer. Pero de lo que si estaba segura era de que, mierda, necesitaba que Cauther no se detuviera jamás. Las hormonas de su cuerpo habían tomado todo el control, ya no tenía excusas para librarse de sus manos. Pero entonces, ¿y todo lo que le había dicho? Únicamente había bajado para pedirle disculpas por sus horribles palabras, pero hizo todo lo contrario a eso.
Y allí estaba, con unas terribles ganas de que el amigo de