La vida me ha enseñado a no confiar en nadie, en especial en mujeres loba que aparecen de la nada diciendo ser mis amigas.
Le sigo apuntando con el arma sin quitarle los ojos de encima. Ella se pone la ropa que está a un lado en el suelo y me mira con una sonrisa.
—Baja esa arma, si quisiera matarte, ya lo habría hecho.
—Dime quién eres y consideraré hacerlo.
—Mi nombre es Mía Accalia.
¿Se supone que eso debería despertar algo en mí? Nunca había escuchado de ella o de su apellido.
—Eso no me di