Ninguno de nosotros es capaz de disimular la sorpresa que le causa esta nueva revelación. Al parecer, Adolph y Mía se conocen. La forma en la que él se la queda viendo, como si estuviese frente a un fantasma; es sencillamente agobiante.
Camina con parsimonia hacia nosotros, mientras Enzo todavía la tiene bien sujeta de las cuerdas.
—No puede ser, tú… creí que estabas muerta.
—Esa era la idea —responde ella con una media sonrisa. Sin embargo, solo veo una tremenda tristeza en su semblante.
—¿La