El rugido cósmico que resonaba dentro de la mente de Gina no era solo un sonido; era una fuerza física que destrozó sus barreras mentales como si fueran vidrio barato. Durante un aterrador segundo suspendido, ella ya no estaba de pie en el patio empapado de sangre de la mansión de la manada Nightfang. Estaba flotando en un vacío inmenso y sofocante, mirando hacia el horizonte norte del plano espiritual, donde el cielo literalmente se estaba agrietando.
Dos enormes manos esqueléticas hechas de l