CAPÍTULO 51

La respiración de Gina se quedó atrapada en su garganta.

Los dedos helados que se cerraban alrededor de su muñeca se sentían como hierro congelado, enviando un escalofrío agudo y aterrador por todo su brazo.

Las sombras en la esquina de su dormitorio parecieron alargarse y retorcerse, devorando la pálida luz de la luna.

Miró fijamente el rostro de la mujer que tenía delante.

Era Evelyn.

Su madre.

El elegante y cruel rostro de Evelyn estaba iluminado por las brasas moribundas de la chimenea. Su
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