El gran comedor de la casa de la manada Nightfang solía ser un lugar lleno de conversaciones animadas y risas, pero esa noche reinaba un silencio sepulcral. Una larga mesa de madera atravesaba el centro de la sala. En un lado estaban sentados Gabriel, Gina y Lucien. En el otro, Malakai y sus comandantes de armadura oscura.
Entre ellos había grandes bandejas de carne asada y pan recién horneado, pero nadie estaba comiendo. El aire se sentía denso y pesado, como los instantes previos a que una en