4

Garlan abrió los ojos con la alarma junto con la llamada de su secretario.

-¿Qué quieres?- respondió de mal humor después de apenas poder dormir. Tener a alguien más ajeno en su casa no era un tema casual.

-¿Qué fue ese mensaje que me escribió en mitad de la noche?- la voz exasperada de su secretario sonó taladrante para la cabeza de Garlan.

-Lo que leíste. Los detalles te los cuento en el auto.

-Pero... pero... cómo aceptó algo como eso. Es un chico metido en su casa. Eso... eso... ¿es omega? ¿es peligroso?

Garlan chasqueó la lengua y se volteó sobre la cama.

-Andrew por favor, es muy temprano y no, no es omega, no huele a nada, no tiene collar, no tiene feromonas, es un beta. Y todavía lo estoy procesando. Más bien, búscale un alquiler por estos seis meses, así me lo quitaré de encima.

Unos segundos de silencio.

-Eso sonó bastante cruel de su parte después de comprometerte a cuidarlo.

Eso hizo que Garlan se sentara en la cama gruñendo.

-¿Y qué quieres? ¿Qué deje al chico todo el tiempo en mi casa como si fuera el rey y señor? Lo mío con Susana fue apenas pocos meses hace 20 años y ahora me suelta a su hijo así sin más. Si tanta lástima te da puedes dejarlo quedarse en tu casa.

-Calma jefe- Andrew era además de su secretario, chofer y mano derecha, un amigo alfa de años y su confidente más cercano- Mejor hablémoslo cuando lo pase a recoger. El chico tampoco tiene la culpa de que su madre lo haya dejado con usted, así como así. Y si me comenta que tiene su cierto retraso mental él también debe estar sufriendo, si se deja solo no sabemos que pueda pasarle. Es... un tema delicado, sobre todo si necesita si o si un tutor, aunque no haya sido puesto en papeles.

Garlan tomó una respiración profunda y contuvo una palabra mal dicha. Sin embargo, Andrew era la persona que siempre lo ayudaba cuando estaba en este tipo de situación complicadas. Así que mejor esperaría a hablar con él. Fue entonces que un olor delicioso entró por debajo de la puerta. Su boca comenzó a salivar al punto que pasó su lengua por sus colmillos.

Su casa normalmente no olía así, a menos que... hubiera comida. ¿Qué estaba haciendo ese chico?

Se levantó de la cama y caminó en dirección a la cocina de dónde provenía y se quedó en seco ante la imagen que encontró.

Tobias estaba delante de la estufa cocinando algo en lo que no se fijó. El delantal enmarcaba la cintura de él que le resultó un poco preocupante con lo pequeña que era, su ropa no mostraba lo realmente flaco que estaba, pero más que eso, su cabello recogido en una pequeña coleta y el cuello bajo de su pullover dejaba a la vista una nuca blanca, delgada y elegante, zona de cuerpo que para Garlan era sumamente tentadora fuera beta u omega, y antes que se diera cuenta pasó la punta de su lengua por sus labios.

Al parecer ante la presión de ser vista Tobias cubrió esa zona con su mano, se giró y se sobresaltó al verlo allí parado.

-Buenos días, Ceo- saludó él algo tímido al haber sido descubierto invadiendo esa zona.

-¿Qué haces?- fue una pregunta estúpida por parte del alfa, pero para quitarle interés cruzó los brazos sobre su pecho.

-Estoy preparando el desayuno. Dijo que podía usar lo que estaba y no es lo mejor, pero...- su rostro se giró hacia la mesa donde había algunos platos sencillos preparados pero que se veían mejor que lo que Garlan imaginó.

Él alzó una ceja y su estómago amenazó con gruñido. No recordaba la última vez que alguien había cocinado para él, que no fuera en un restaurante u hotel. Así que se giró hacia él con el ceño fruncido.

-¿Qué quieres a cambio?

Tobias pestañeó algo confundido.

-No entiendo su pregunta- se rascó la mejilla incómodo- Si no le gustó yo...

-Todas las personas que se me acercan es por una razón, y las que hacen cosas por mi después quieren algo a cambio.

Tobias apretó los labios ante las rudas palabras, pero no se quedó callado.

-Yo... no deseo algo de usted. Simplemente hice el desayuno. Es lo menos que puedo hacer cuando me dejó dormir en una cama cómodo bajo un techo, en vez de botarme a la calle como haría alguien racional.

Garlan se quedó callado. No había vacilación en él. Se corrió el cabello hacia atrás y se giró en dirección a la mesa. Contra lo que había dicho aquel muchacho... era complicado refutar. Bueno, él había hecho eso que decía, por lo que... estaban a mano.

-Termina de cocinar y ven a desayunar. Tengo algunas cosas que decirte.

Tobias apagó la estufa y puso las salchichas cocidas en un plato y se unió en la mesa.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP