Mundo ficciónIniciar sesiónMilo me dejó pasearme por mi estudio como fiera enjaulada, gruñendo ceñudo, evitando sus ojos.
—Ya, Mael, te imprimaste. No hay muchas formas de decirlo.
Me detuve bruscamente para girar hacia él como si me hubiera insultado. Milo rió por lo bajo, sosteniendo mi mirada fulgurante con las cejas un poco alzadas.
—Eso es lo que intentabas decirme, ¿verdad?
Le di la espalda para ir a detenerme ante la ventana, las m







