Mundo ficciónIniciar sesiónCenamos sentados lado a lado en el jergón, frente al fuego, y tuve el gusto de verla comer con verdadero apetito por primera vez. Dimos buena cuenta del conejo, las verduras y el caldo en el que se cocieran las verduras. Serví los arándanos en un cuenco y la dejé comiéndolos mientras sacaba a la cornisa el caldero y los magros restos del conejo, sin ánimos para limpiar en ese momento.
—¿Dejarás todo afuera? —pregunt&oa







