Capítulo 35.
Capítulo 35
Arya.
La cercanía de Dorian era un muro de calor que nublaba mi juicio, pero no permitiría que mi cuerpo flaqueara como lo hizo anoche.
—No hay nada oculto, Dorian. Solo mi vida. Una vida en la que tú ya no tienes un lugar —dije, tratando de que mi voz no temblara.
—Mientes —soltó él, inclinándose más hacia mí—. Anoche tu loba me reclamó, Arya. Me reconoció como suyo.
—Anoche fue un desliz nacido del cansancio y los recuerdos —respondí, clavando mis ojos en los suyos—. Pero hoy ha salido el sol y sigo siendo la mujer que desterraste. Ya estás lo suficientemente fuerte. Tus heridas han cerrado lo suficiente para que puedas cabalgar hasta el puesto fronterizo.
Él retrocedió un paso, pero no para rendirse, sino para mirarme con un desprecio que me quemó por dentro.
Se pasó una mano por el cabello desordenado, soltando una risa amarga que vibró en el estrecho pasillo.
—¿Y pretendes que me vaya así? ¿Como un extraño al que le has hecho un favor? —preguntó, su orgullo herido br