Capítulo 22.
Capítulo 22
Dorian.
Mis manos temblaban sobre la espalda de esa mujer. Ese aroma que desprendía que solo pertenecía a mi Mate, me estaba volviendo loco.
Morvak arañaba las paredes de mi consciencia, reclamando a gritos lo que era suyo, obligándome a inclinar la cabeza hacia su cuello para confirmar lo que mis ojos, cegados por el alcohol y la desesperación, no se atrevían a ver.
Estaba a punto de arrancarle la túnica cuando un grito me obligó a apartarme.
—¡Alfa! —gritó Caín, corriendo hacia mí