Capítulo 22.

Capítulo 22

Dorian.

Mis manos temblaban sobre la espalda de esa mujer. Ese aroma que desprendía que solo pertenecía a mi Mate, me estaba volviendo loco.

Morvak arañaba las paredes de mi consciencia, reclamando a gritos lo que era suyo, obligándome a inclinar la cabeza hacia su cuello para confirmar lo que mis ojos, cegados por el alcohol y la desesperación, no se atrevían a ver.

Estaba a punto de arrancarle la túnica cuando un grito me obligó a apartarme.

—¡Alfa! —gritó Caín, corriendo hacia mí desde el final de la plaza—. La guardia de frontera ha llegado con el cuerpo.

Solté a la mujer como si su contacto me quemara. Retrocedí un paso, mi corazón martilleando contra mis costillas.

Caminé hacia Caín, sintiendo que el suelo se movía bajo mis pies. Cuando los guerreros depositaron la camilla cubierta con una manta gris, el aire se volvió irrespirable.

Con una mano temblorosa, retiré el borde de la tela.

No era ella. Su aroma era el de un lobo común, muerto hace días.

Un alivio brutal,
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