Noté cómo la conciencia de Esteban se debilitaba cada vez más y la desesperación me invadió mientras corría como nunca lo había hecho en la vida.
"¡ESTEBAN! ¡AGUANTA!" — le grité mientras subía corriendo las escaleras dentro de la casa de la manada. Ni siquiera noté que Mar, Jake, Isa, Julián y Ana me seguían preocupados: ellos corrían más despacio que yo.
"Lo siento. Te... amo"— escuché decirle justo antes de que su conciencia desapareciese.
"¡NO!¡NO!¡NONONO!¡ESTEBAN!¡ESTEBAN!" — le grité deses