—No hace falta —rechazó Gabriel sin dudar— Quédate en casa con mamá Carolina y Andrés. Yo puedo solo.
En el hospital, entre el ir y venir de la gente, Sofía estaba muy nerviosa. Apretaba mi mano inconscientemente mientras mantenía la vista fija al frente.
—¿No quieres ver a tus abuelos? —le pregunté.
—¡Sí quiero! —respondió sin pensarlo, aunque podía sentir lo tensa que estaba.
Daniel ya se había detenido frente a la puerta de la habitación. Me agaché y le acaricié suavemente la espalda:—Pero pa