Idan estaba estupefacto, y para cuando Cielle llegó frente a él aún no había podido asimilar aquella situación sin que pareciera totalmente descabellada.
—¿Por qué? —preguntó en un casi quejido, su voz abandonó sus labios tan rota que daba lástima.
—El porqué es algo que no entenderías —respondió el abogado encogiéndose de hombros.
—Tenías tantas opciones y los elegiste a ellos. Ellos que por años han sido tu perdición —dijo incrédulo Idan.
—¿Qué opción debía elegir entonces? ¿A ti, el