Selena se recuesta en su almohada, absorta en sus pensamientos; de su mente no sale la idea de volver a estar con Edwar, lo desea, necesita sentirlo, todo en ella reclama sus caricia y su sexo; se está volviendo adicta a las emociones y sensaciones que sólo él puede ofrecerle.
Piensa en su conversación con Bodolf sobre sus encuentros sexuales y espera que él realmente acepte lo que le ha sugerido, sexo consensuado. Sin embargo, nada más lejos de la realidad, pues el lycan es un hombre obsesivo