Capítulo 67: Perdiendolo todo.
El reloj de la cocina marcó las siete cuando por fin me levanté del suelo.
No había dormido. Solo había cerrado los ojos a ratos, con la espalda apoyada en la puerta y la camiseta de Lorenz todavía pegada a la piel. El vacío no se había movido. Seguía ahí, pesado, ocupando el espacio exacto donde antes estaba él.
Me arrastré hasta el baño. Abrí el grifo del agua caliente y me quedé mirando cómo el vapor llenaba el espejo. Me desnudé con movimientos mecánicos. La camiseta cayó al suelo como algo