Capítulo 38: La propuesta inoportuna.
La puerta se cerró.
El clic fue pequeño, casi educado, pero en el silencio del piso sonó definitivo. Lorenz se quedó mirando la madera unos segundos, la mano todavía apoyada en el pomo, los hombros tensos. Yo no me moví. Seguía de pie junto a la mesa del comedor, con el olor a wasabi y arroz frío pegado a la ropa y el eco de la presencia de Emilian todavía ocupando el espacio entre nosotros.
Cuando por fin se giró, no habló del caso. No mencionó citaciones ni grabaciones anónimas ni nada de lo