Sus palabras me llegaron al corazón porque a veces, yo también la imaginaba así.
Con los ojos grises de él y el cabello castaño oscuro que yo tenía a los veinte años, antes de que el tiempo y el dolor lo oscurecieran más. Una risa escandalosa que llenara la casa, zapatitos que se perdían debajo del sofá, manchas de chocolate en vestidos azules. Yo también la había inventado, noche tras noche, durante los primeros años, cuando el vacío del vientre todavía dolía como una herida abierta y el sil