Capítulo 20: No siento nada por ti.
Los minutos se estiraron. Pensé en las mañanas en las que Lorenz me preparaba café sin preguntarme cómo lo quería, porque ya lo sabía. En sus mensajes buenos días con fotos de perros absurdos para hacerme reír. En cómo nunca me presionó para hablar de mi pasado, respetando mis murallas como si fueran sagradas. Y ahora estaba roto por mi culpa. Por mi incapacidad para elegir sin destrozar.
La puerta se abrió con suavidad. Era Emilian. Entró solo, cerrando tras de sí con un clic que sonó demasiad