Capítulo 30; Entregados a la pasión.
Kelsey, presionó los labios, queriendo exclamar una maldición, aquella mujer parecía estar en todo, le desagradaba y no solo por ser la esposa de Alexander, sino por el hecho de que parecía estar siempre detrás de él.
Se giró hacia ella y la encaró, con rostro muy serio la miró y enarcó una rojiza ceja.
—¿Acaso estás siguiéndome?— le preguntó con burla.
—Por supuesto que no, voy a mi habitación, lo que puedo ver es que tú sí, estás siguiendo a mi marido. ¿Qué es lo que quieres, Kelsey?
—Perd