76. No enojes a la Bestia
No hay forma de acabar con esto. Gerald sabe muy en el fondo que para que su mujer, prisionera en el odio que él mismo creó, cambie e intente escucharla no sólo bastará sus lágrimas, o sus súplicas.
Permanece quieto en una oficina donde se hace cuentas de la mercancía que saldrá a Europa, al igual que las armas. Intenta concentrarse, intenta clavarse en el negocio y no desconcentrarse pero no. Es imposible. En su casa está Scarlett, están esos bebés. Está la familia que debió proteger y que n