61. El sacrificio de Florencia
Entró al hospital sin fijarse en nada más que el asustado rostro de su mujer.
— Me duele, Remo… me duele mucho — seguía quejándose sin parar.
— ¡Un médico, por favor! — gritó Remo apenas entró a la sala, asustado y preocupado a partes iguales.
Varias miradas cayeron sobre ellos, y al reconocerlo, no dudaron en asistirlos.
— ¿Qué pasó? — preguntó un doctor, al tiempo que le ordenaba recostarla sobre la camilla.
— No lo sé… de repente comenzó a dolerle mucho la zona del vientre. ¡Está embarazada,