62. La fortaleza de Marianné
Florencia estaba en la terraza del hospital, abrazada a sí misma y contemplando la ciudad que la vio crecer, y de la que estuvo alejada durante años, cuando advirtió la presencia de su hermano.
Se giró con la nariz roja y lágrimas secas en sus mejillas.
— Remo… — intentó decir, pero en una zancada, su hermano acortó la distancia que los separaba y la estrechó entre sus brazos.
— Perdóname — le rogó, al tiempo que Florencia ahogaba un jadeo y enterraba el rostro en su cuello — Esto fue lo primero