20. ¡No a la que tienes prohibido amar!
— No voy a seguir esta absurda discusión contigo, Marianné — musitó, pasando del brillo de sus ojos a sus labios. Y allí estaba otra vez esa urgente necesidad de querer besarlos.
Tal vez lo habría hecho… pero alguien llamó a la puerta, y aunque Remo y Marianné se quedaron momentáneamente prendados al otro, ignorando a quien sea que estuviese allí fuera, fue el Gambino quien rompió el contacto y se acercó a la puerta.
Era el doctor Valencia.
— Remo, tu mucama me informó que Marianné… — sin ter