No es Christian quien engaña, sino Bella.
—Bella, te lo juro por lo que sea, esa mujer tidak era mi novia. No era una mujer alquilada. No era mi amante —la voz de Christian temblaba. Sus ojos enrojecidos miraban a Bella con una súplica casi desesperada—. Nunca he sido infiel a nuestro matrimonio. No he tocado a otra mujer desde que nos casamos. Yo... no podría tocar a nadie más porque te tengo a ti. Aunque hasta ahora ni siquiera te he tocado a ti.
Bella guardó silencio. Su mirada gélida comenzó a transformarse; ya no era tan afilada