Esa noche, la residencia de la familia Hale, en la exclusiva zona residencial de Ashford Falls, se sentía más acogedora que de costumbre. Las luces de la sala permanecían encendidas, proyectando un resplandor dorado y cálido por todo el espacio. Las tupidas cortinas de color crema se hallaban cerradas por completo, impidiendo el paso de la penumbra exterior. En un rincón de la estancia, el fuego de la chimenea chisporroteaba con suavidad, ofreciendo un abrigo reconfortante ante el frío nocturno