Habían transcurrido dos años desde que Ana tomó la determinación de abandonar Madrid para dar comienzo a una nueva vida en Londres.
Dos años colmados de luchas, lágrimas y una plenitud que jamás llegó a imaginar. Dos años que la transformaron de una mujer devastada por el desamor en una figura fuerte e independiente. Dos años que le permitieron comprender que la verdadera dicha no proviene de un hombre incapaz de amarla, sino de su interior y de la pequeña hija que le regalaba una sonrisa cada