El avión aterrizó con suavidad en el aeropuerto de Heathrow, en Londres, justo cuando el sol comenzaba a declinar hacia el oeste. El cielo londinense, de un gris denso y nublado, les dio la bienvenida a Ana y a Isabella, ofreciendo un contraste radical con la luminosidad cálida de Madrid. La gélida brisa característica de Inglaterra las envolvió tan pronto como abandonaron la aeronave.
Ana avanzó por la terminal con paso firme. En una mano llevaba un bolso de mano con sus objetos de valor y, en