Esa mañana, el aeropuerto internacional de Madrid lucía más concurrido que de costumbre.
El eco de los anuncios de abordaje resonaba en la terminal, entrelazándose con el ajetreo constante de los pasajeros, el rodar del equipaje sobre el piso de mármol reluciente y las risas alegres de los niños a lo lejos. La intensa iluminación del techo creaba una atmósfera vibrante y llena de actividad.
En un rincón de la terminal, Ana aguardaba de pie y con serenidad junto a los asientos de la sala de espe