El sol matutino resplandecía con fulgor sobre la residencia principal de la familia de Ana. El cielo lucía un azul despejado, sin una sola nube; los pájaros trinaban con alborozo entre la fronda del jardín posterior y la brisa matutina soplaba con frescura, impregnando el ambiente con el aroma de las flores en pleno esplendor. La atmósfera en la casona se percibía cálida, colmada de una renovada alegría.
Ana permanecía sentada en una mecedora de madera blanca en la habitación infantil de Isabel