El sol del mediodía comenzó a intensificarse cuando Dominic y Javier abandonaron el edificio corporativo. Dominic aún vestía su impecable saco negro, aunque llevaba la corbata ligeramente floja y el primer botón de la camisa desabrochado. Su atractivo rostro de mandíbula marcada y nariz perfilada aún denotaba cansancio; sus ojos oscuros continuaban apagados por la falta de sueño y la sobrecarga de pensamientos.
Javier caminaba a su lado, luciendo también un saco negro pulcro, mientras su rostro