La noche se hacía cada vez más profunda en la lujosa mansión de la familia de Ana, pero la atmósfera en el interior de la casa continuaba siendo de una tensión absoluta. Dominic seguía de pie frente a la entrada del cuarto de baño, con la mirada clavada en la madera firmemente cerrada. Ana permanecía adentro, tal vez sumida en el llanto, tal vez reflexionando, tal vez sopesando cuál sería su próximo movimiento.
Dominic liberó un hondo suspiro y volvió a llamar a la puerta una vez más.
—Ana —la