Estaba temblando en el asiento del coche, incapaz de controlar el movimiento de mis manos. El frío no venía de afuera, venía de adentro, de ese lugar donde el miedo se instala y no se va. Aun sin mirarla directamente, podía notar esa ligera sonrisa en la comisura de los labios de mi hermana, esa que siempre aparecía cuando algo estaba a punto de romperse… y como siempre, lo que iba a romperse era yo.
Mi corazón latía demasiado rápido, golpeándome el pecho como si intentara escapar. Sabía que al