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En cuanto me suelta pongo distancia entre los dos y camino a paso rápido hacia el banco de ventana —alejándome lo máximo posible de Sam— mientras me limpio los restos de la llorera con la manga de la sudadera, aunque el estropicio ya debe estar formado.

Y no tiene solución.

No sé en qué estaba pensando cuando le he dado la oportunidad de demostrarme que esto sólo es un modo de inculparlo y que en realidad no tiene nada que ver. Sea o no cierto lo que dice, ya no importa, ya no me

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