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Los nervios comienzan a dar señales cuando Elizabeth abandona la habitación y la escucho bajar las escaleras para abrir la puerta de la entrada a la persona que supongo—y espero—sea a la que estoy esperando.

Voy hasta la ventana de mi cuarto para asegurarme que no me equivoco al pensar que es Sam. Descorro la cortina casi transparente para comprobar que no hay ningún coche que reconozca en la entrada, lo que indica que ha venido en taxi y no está acompañado. Mirar el Ferrari aparcad

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