XIMENA
—Al fin se me hizo el milagro—, recitaba Benito mientras le quitaba la ropa a Ximena y ella murmuraba: —Ángelo, Ángelo, Ángelo…
—Si soy ese tal ángel, soy tu ángel—, Benito gemía mientras la besaba.
—Alto, tú no eres, mi Ángelo, él no besa así de feo, no huele a camarón y por supuesto no tiene esa barriga de camionero, ¡ayuda!
—¡Cállate, perra!, —y le pego una bofetada, dejándola inconsciente por unos segundos.
Volvió en sí muy asustada; ese hombre también le estaba tomando fotos. Se mir