Capitulo 37.
MAURICIO CASTRO.
—¡Maia! —exclamo tocando su puerta nuevamente— ¿¡Estás ahí!? ¡Despierta, floja! ¡Ya es de día!
Vuelvo a tocar la puerta y al no recibir respuesta, vuelvo a llamarla por teléfono.
Suspiro y regreso a mi departamento para así teletransportarme a su departamento sin ser visto.
Aparezco en la sala y veo todo normal.
Voy a su habitación, pero no la encuentro ahí, así que tocó la puerta del baño y como no recibo respuesta, abro la puerta para encontrarme que tampoco está ahí.
¿En dón