El grito del Alfa no pasó desapercibido, pero los lobos pensaron que le estaba llamando la atención por algo referente a los centinelas, más fuera lo que fuera, no querían estar en su lugar, su Alfa era muy cruel a la hora de imponer castigos
— ¡¿Cómo te atreves a hablarme así, Igori?! ¿quieres que te envié a la Antártida a cuidar de la manada de osos polares? todos los días me escriben pidiendo centinelas
— No, no, no quiero ir a la Antártida, aquí estoy bien, pero es qué... ¿cómo se te ocurr