Cuando ya no hubo quién detuviera Alfa Alexander, el poderoso y demente Alfa Caín, tuvo que luchar contra él, esperaba que su manada lo mayara antes pero eso no sucedió
La fuerza, la fiereza y la sed de sangre de los dos licántropos, se podía ver en cada uno de sus movimientos y ataques, ninguno de los dos retrocedía, sabían que la pelea sería a muerte
Los estruendosos rugidos, los zarpazos que se daban con sus afiladas garras y verlos arrancarse la piel, era extraordinariamente aterrador
—Rinde