34. AMARTE A TI MISMA

Capítulo treinta y cuatro: Amarte a ti misma

Angelo observó a su esposa.

—Yo... tú... íbamos a hablar de otras cosas, me parece —le recordó Teresa.

Notó que Angelo entornaba los ojos en un gesto de desaprobación, ya que había querido volver al tema original. Sintió que los músculos del estómago se le tensaban por el pánico. Angelo se había declarado desarmado por la decisión judicial; sin embargo, no había señales de ello en la manera orgullosa que tenía de levantar la cabeza o en la expresión
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